A través de un aparato de fácil manejo, los pacientes están todos los días en contacto con personal médico especializado. Los datos sanitarios como la tensión de la sangre o el peso se transmiten desde el aparato a través de Internet a un centro de telemedicina. Además, los pacientes responden a preguntas sobre su estado. En el centro de telemedicina, los expertos tienen todos los datos siempre a la vista y llaman al paciente o le envían una ambulancia, cuando este se siente peor.
La tecnología ayuda en muchas enfermedades crónicas, por ejemplo al tener alta tensión, diabetes, insuficiencia cardiaca o enfermedades pulmonares crónicas. En EEUU ya se atiende a unas 120.000 personas a través de la telemedicina, en Alemania a unas 15.000 personas.
El estado de salud se estabiliza y los afectados no tienen que ir tantas veces al médico o al hospital. Se les trata en su entorno y aprenden a vivir mejor con su enfermedad. Eso les da seguridad y mejora considerablemente la calidad de su vida.